Crecer junto a una madre para quien la limpieza no era una manía sino una forma de obsesión, un cuidado diario dedicado al hogar, a la piel, al aire que respiramos. Verla empezar de nuevo cada día, a menudo hasta el agotamiento, para preservar ese equilibrio hizo surgir una pregunta sencilla: cómo aliviar ese esfuerzo repetido de limpiar, cuidar, mantener sin perder la exigencia. Entonces se impuso una respuesta clara, pensada para ella y para todos los que llevan el mismo esfuerzo en silencio.
Nuestra visión
Rodear cada gesto de objetos a la altura de su exigencia